viernes, 11 de febrero de 2011

Entre el amor y los instintos

Hace unos días estaba haciendo fila para efectuar un pago y, mientras esperaba no pude evitar poner atención a la conversación de dos jovencitas que estaban adelante. Se quejaban de lo mucho que han entregado su corazón (y algo más), y de lo poco que han recibido a cambio de su amor. Sonreí al escuchar la convicción con la que  creían en la fidelidad. No cabe duda; la inocencia no es siempre una virtud. 

¿Por qué nos enamoramos?
Absolutamente todos los seres humanos hemos cursado por un estado de intoxicación causado por la gran cantidad de hormonas que produce nuestro cuerpo; se desencadena  cuando alguien nos gusta. La expresión: hacemos química, es la forma más precisa de definir el acto intencionado de haber seleccionado a un incauto y, que éste nos haya correspondido con señales, mensajes y conductas que nos llevarán a realizar una práctica de campo: noviazgo.
Si resulta, se establecerá una relación duradera en la que ambos buscarán lo mismo: hacer perdurar sus genes y preservar de la especie.
Imagino tu reacción. Sí, aún somos animales (algunos más que otros). Nuestro cerebro y su gran inteligencia le encontraron un nombre bonito a este proceso para no vernos tan cavernícolas: enamoramiento.  
El enamoramiento es un estado de adicción que puede durar desde unos cuantos días hasta unos siete años, aunque algunos suertudos aseguran que pueden ser diez. Pasado éste tiempo se terminan las reacciones químicas que nos ocasionan el nerviosismo, la ansiedad (mariposas en el estómago) y el estado de felicidad.  
Al sentir que ya no hay química, simplemente partimos en busca de otro ejemplar, es decir, de una persona diferente. Los noviazgos son sólo ensayos para encontrar a un compañero, o compañera permanente.

          Exclusividad sexual, ¿es posible? 
      
Un amigo genetista me platicaba que en nuestra estructura genética no hay ninguna información que indique que estamos hechos para ser monógamos; de hecho para una hembra el tener descendencia de varios machos garantiza la salud, sobrevivencia  y permanencia de su prole. Un macho está diseñado para que sus genes se dispersen, por eso es tan importante para ellos ir tras varias hembras a la vez, y mientras más jóvenes sean ellas, ofrecen más garantías de salud y procreación. Todo visto desde el punto de vista de la preservación de la especie; obvio hoy es diferente, porque hace miles de años que dejamos de ser simios.

          ¿Cuándo nos pusimos el yugo de la monogamia?
      
Cuando el hombre dejó de ser nómada y se estableció para cultivar, decidió que sólo se haría cargo de los hijos que tuvieran sus genes, así se instituyó la familia y, así surgieron las sociedades. Después las religiones (y  se fastidió  el asunto).
La idea de fidelidad como pacto de exclusividad sexual existe sólo en la mente de los individuos;  si no me crees, busca en el diccionario la definición de fidelidad.

           ¿Qué onda con la virginidad? 
     
Todas las culturas, de todo el mundo y de todos los tiempos crearon deidades, seres supremos a los cuales solicitar su  protección, instrucciones y concederles la imposición de castigos.   Es para evitar la furia de los dioses y congratularse con ellos que se desarrollan rituales con el propósito de rendirles culto; al mismo tiempo que se  establecen normas de buena conducta para ser dignos y merecedores de todo lo antes mencionado.
En un intento desesperado por ofrecer algo valioso (a los dioses), los hombres inventan en la mujer una mezcla de pureza, delicadeza y fragilidady para que no se corrompa le imponen el don de la castidad.  A partir de entonces la virginidad es exaltada como el único valor de una mujer y su sello de garantía. Es por eso que la mujer era castigada cuando se creía que había perdido su pureza, o al cometer adulterio, y cuando no la castigaban los dioses, la castigaba la sociedad.
Gracias a los dioses eso ya terminó, porque hace miles de años que dejamos de ser simios.  
 
          ¿Sabes por qué nos gusta  bailar?
Siempre inteligentes, las mujeres no nos conformamos con la selección natural y desarrollamos un lenguaje especial para atraer a los machos. ¡Nosotras inventamos el erotismo! El baile es la primera y la más importante expresión sexual del ser humano; con esos movimientos mostramos (ofrecemos) nuestras zonas sexuales para atraer al mejor candidato para procrear.

          Entonces, ¿existe el amor?
Yo elijo creer en el amor, en esa gran fuerza de atracción y energía divina.
De otro modo no me explico qué nos hace compartir la vida con un completo extraño. Sólo puede ser amor cuando renuncias a tus instintos y te estableces con un individuo que está muy lejos de ser perfecto.
Por supuesto que es amor lo que te hace evolucionar y ser consciente de que tú eres el ejemplo de tu descendencia.

¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!

miércoles, 9 de febrero de 2011

Historia de San Valentín, y sus rituales

        La historia de San Valentín es tan fantasiosa y romántica como la de Santa Claus.

Según los libros de historia, en el siglo III hubo dos religiosos en Italia llamados Valentín; uno era sacerdote y el otro obispo. Por razones políticas e ideológicas ambos fueron decapitados; los sepultaron en el mismo lugar por mera coincidencia, uno en el 268 y el otro en el 273. En esa época usaban las cuevas como sepulturas.


        Pero, es en la edad media cuando surge la leyenda de un fraile que casaba en secreto a los enamorados. Éste fraile no estaba de acuerdo con que el rey o el feudal a cargo cobrara el derecho de pernada, por eso invitaba a las parejas para que se casaran en secreto;  obviamente los enamorados contraían matrimonio gustosos. También promovía que los jóvenes que tenían que ir a la guerra desposaran a sus doncellas antes de partir. Realizaba las ceremonias en absoluta clandestinidad, por las noches, o en cuevas.
Se cree que éste fraile adoptó el nombre de los mártires del siglo III por su valor y méritos, como coincidencia Valentín proviene del latín y significa valiente.


¿Por qué lo hicieron santo?

Cuando las mujeres llegaban a la adolescencia, automáticamente podían ser solicitadas para ser desposadas. Al no haber hombres que las protegieran (siempre andaban en la guerra), ellas invocaban a San Valentín para no ser ultrajadas. Al salir bien libradas del proceso agradecían fervorosamente al Santo por haberles concedido la protección y lo interpretaban como un milagro.



¿Por qué el 14 de febrero?

En el Medievo el calendario marcaba que ése día los pájaros comenzaban a anidar, y a partir de ahí otras especies iniciaban los cortejos.



¿Por qué regalitos de San Valentín?

Cuando los enamorados aceptaban el matrimonio en secreto no había nada que los obligara a cumplir su promesa (ni acuerdo entre familias), entonces durante la ceremonia se entregaban una prenda como garantía de que respetarían el pacto. Los hombres generalmente entregaban una sortija muy artesanal (que elaboraban ellos mismos), y ellas al no tener recursos económicos propios les preparaban un pan dulce (en aquella época un pan dulce era un verdadero lujo).



¿Cuándo entra Cupido?

A Cupido lo relacionaron siglos más tarde. Los románticos y soñadores creían que había duendes, o hadas, o algún tipo de seres alados que los elegían al azar para pertenecer sentimentalmente a alguien; después por razones estrictamente religiosas a ése ser se le dio forma de un pequeño ángel alado, y se le asignó el nombre de Cupido porque el dios del amor de los romanos se llamaba Cupido; a ése mismo dios los griegos le llamaban Eros.



¿Por qué todo rojo?

En la religión católica el rojo significa: la sangre del sacrificio, el amor como causa del sacrificio, la plenitud de la vida terrenal, pasión y entrega. En otras religiones el rojo es un color prohibido por las mismas razones, y por la exaltación que produce.



¿Y la amistad?

En la historia de San Valentín la amistad no tiene nada que ver, no tengo idea de en qué momento las conjuntaron, les prometo que lo investigaré. Pero, me parece lógico que quienes no tenían un amor con quien celebrar, buscaron a un amigo a quien expresar su afecto.



¿Y todo este choro para qué?

Es importante saber el origen de las costumbres que adoptamos (o que nos arrastran).

¡Que la fuerza del amor, y el valor de San Valentín nos acompañen siempre!

miércoles, 24 de noviembre de 2010

¿Tienes delirio de princesa?



        Los seres humanos por naturaleza deseamos llamar la atención, tener poder y buena posición; quien diga que no, es el hipócrita más necio del planeta. Todos y todas llevamos en el interior un príncipe o una princesa deseosos protagonismo, atenciones y de mimos. Algunos lo llevamos medio oculto y otros somos príncipes y princesas de Clóset.

        Los especialistas recomiendan sacar al príncipe y a la princesa a pasear todos los días para no padecer nungún síndrome.
Para eso los eventos sociales son ideales: recién nacidos nos inician con el bautizo, luego la primera comunión, los XV años, las graduaciones, la boda y el momento culminante es por supuesto ¡el baile de novios! El momento en el que creemos ser la más afortunada por haber encontrado ¡al único! ¡al increíble y maravillosoooo! príncipe azul de nuestros sueños.

       Aunque lo negamos y queremos justificar los hechos, tarde o temprano todos actuamos en el mismo show y cada religión tiene un ritual equivalente. Me divertí mucho escribiendo éste artículo de las de princesas y sus respectivos príncipes, con los que nos condicionaron y que marcaron patrones de conducta. 
¿Alguna vez nuestros padres se imaginarían que estas historias influenciarían el rumbo de toda una vida?



LA BELLA DURMIENTE.- Es la mujer mimada que pasa su vida dormida; despierta solo para darle un beso a su príncipe, y asume que al despertar todo tiene que estar en su lugar y los problemas resueltos. ¡Ah! pero que nadie dude de su inocencia e integridad, si acaso el destino le orille a encontrarse con desconocidos a media noche y en la oscuridad del bosque.


EL.- Hombre valiente que por la vida matando dragones, quitando a las brujas malvadas del camino; que mantiene a su pequeña, inocente e indefensa encerrada en un castillo y durmiendo cómodamente,  mientras él vive toda clase de aventuras.



BLANCA NIEVES.- Ésta mujer no puede convivir con sus congéneres;  se imagina que todas la odian por ser linda y hermosa. Cree que si alguien del sexo femenino se le acerca es porque quiere es eliminarla. Por eso se relacionan sólo con hombres, aunque sean enanos y aduladores; no es raro que se vaya con el primer patán que le de un beso "de verdadero amor" aunque no la haya visto nunca antes.


EL.- Típico oportunista que va por la vida besando y levantando a cuanta mujer dormida o intoxicada encuentre a su paso; hombre que ofrece "rescatar" a la princesa de las garras de la maldad para llevarla aun castillo en el que será feliz lavando y planchando sólo para él.



LA CENICIENTA.- Es la niña buena y sumisa, por lo mismo es anulada o sometida por sus parientes o compañeros de trabajo; se compadece a sí misma y para que los demás también la compadezcan se viste con harapos y usa la puerta de servicio. Cuando se le presenta la oportunidad de brillar no se permite ir más allá de la media noche; luego vive rumiando sus recuerdos con los perros, gatos y ratones, llorando entre los escombros de su vida mientras espera el regreso del galán que la dejó sin zapatos y botada a media escalera después de un "buen baile". 


EL.- Hombre que va de fiesta en fiesta buscando a una mujer que no existe, a todas las chicas que conoce les quiere "probar el zapato"  para ver si es ella su mujer ideal; obvio ninguna "llena" sus espectativas y simplemente se va con la que sigue en la fila. 



LA BELLA DE LA BESTIA.- Pobres de aquellas que se involucran con personas irascibles e intolerantes, convencidas de que con su amor y su dulzura transformarán a un mounstro. Pasarán la vida justificando el mal carácter, las faltas de cortesía y las grocerías de su pareja ante su familia, sus hijos y la sociedad. Vivirán recluídas en "su castillo" hablando con los muebles y los platos: únicos amigos que "su bestia"  le permitirá tener.


EL.- Estos "seres" están convencidos de que los demás estamos obligados a soportar sus patanerías, viven gritando y ofendiendo a todos; cuando alguien los enfrenta, se sientan a llorar y resultan ser la víctima del cuento.



LA SIRENITA.- Pobre niña, nunca estará conforme con lo que es, no bastará lo que tenga, ella simplemente merecerá más; incluso estará dispuesta a empeñar su escencia, endeudar a su familia  e involucrar a sus amigos, todo para complacer sus caprichos.


EL.- Qué mejor compañero para ella, que un hombre que se presenta como el gran solitario, incomprendido, el que tiene todo pero "nadie" ha logrado comprenderlo, ni llenar ese vacío, o quizá porque nadie merece su amor. (Aclaro, el vacío emocional, no el cerebral).



JAZMÍN de Aladino y la Lámpara Maravillosa.- ¿Alguien ha visto esto? Que una mujer se case con un hombre inteligente, atractivo, educado, adinerado y luego de la fiesta, resulta que es un ladrón, un mentiroso y un timador. Caray, cómo duele levantarse de esto. Que verguenza se siente cuando regresas la página y ves que el camino estaba lleno de señales, pero que las ignoraste todas.


EL.- Hábil, seductor, caballeroso y atractivo hombre dispuesto a levantar cualquier teatrito; se las arregla para pintar un panorama adecuado: imagen, carrera, lo que sea para subir de estatus. Es muy larga la lista de talentos que tendría que enlistar y que caracterizan a los estafadores profesionales.




Ya encarrerado el gato, y bien acomodados en el sillón te invito a continuar porque los personajes de los cuentos no se limitan a las parejas.



MULÁN.- La chica que vive enojada porque sus padres deseaban un varón, entonces intenta a toda costa superar las hazañas de los hombres de la familia, y se masculiniza.



WENDY.- Qué peligrosa combinación: niña bonita con delirio de niña buena. La que va por la vida desbordando cuidados, educadora y moralmente responsable de cuanto vago, barbaján y lagañoso encuentra en su camino.



POCAHONTAS.- Es la chica que anda tras los extranjeros, no importa lo corrientes y comunes éstos sean.



ALICIA.- Cuántas mujeres  tienen (¿tenemos?) esa gran habilidad  de inventar historias desacabelladas donde ellas siempre son las protagonistas, las perseguidas, las incomprendidas, las deseadas y shalalá.



LAS HERMANASTRAS
Que espectáculo tan patético es, cuando te toca ver a una familia en la que están dispuestos a destrozar las mejores galas (o la vida) de una hermana, ya sea porque es menor, más inteligente o más atractiva que los demás.


LAS HADAS.- Por supuesto que no pueden faltar ésas señoras regordetas, sonrientes, amables y siempre lindísimas; lindísimas siempre y cuando las obedezcas o las invites... de no ser así, en automático se convierten en brujas malditas y despiadadas.



PETER PAN.- Es el síndrome más famoso y mencionado por los psicólogos actualmente; Peter Pan es el eterno niño que cuando le conviene es mayor, es líder o es capaz, y cuando se aburre o se fatiga vuelve a la comodidad de la dependencia.



EL REY.- Es el respetable hombre maduro que ante la icapacidad de ser un galán, se proyecta con sus hijos jóvenes y  pasa la vida organizando fiestas para que sus príncipes se diviertan, bajo la excusa de que están buscando a la compañera ideal y digna madre de sus nietos.


        Que triste es  la realidad, quizás por eso  inventamos historias y nos ubicamos en mundos de fantasía, de donde sí se pueda escapar, o donde tú tienes el poder de cerrar el libro. 
Algunos de nosotros escribimos para que los demás aprendan con experiencias ajenas; para que no tengan que huír de los hogros o las brujas de la vida real.

Creo que es tiempo ya de escribir nuevas historias. Deseo de todo corazón que en los cuentos del futuro se imponga como requisito que sea muy claro el mensaje. 

Alguien me cuestionó al respecto y lo hago público: mis protagonistas favoritos de los cuentos de hadas, príncipes y princesas, son FIONA Y SHREK; porque no están nada lejanos de la realidad.


Ella algunas veces es, y luce como una princesa, otras es una gorda grotesca;  puede ser dulce, amable y conciliadora. Sabe quien es, y sabe lo que es. Además de que no le importa que su pareja sea un gordo, mal oliente y naco ogro.


Él no tiene la menor intención de mejorar sus modales, de renunciar a su desorden, de lucir como un príncipe. Sabe que ella no es perfecta y aún así la ama.



Enamorarse es muy fácil. “El amor de mi vida” y “mi pareja ideal” son idealizados conceptos románticos.


Lo real y cierto es que el amor se construye día a día y que con el tiempo va cambiando su forma: evoluciona. El matrimonio no sólo es un acto de amor, además es un acto de voluntad.




¡Que la fuerza del amor, la ilusión y la fantasía nos acompañen siempre!

De George Carling

La religión es probablemente el cuento chino jamás contado.
Piensa en esto: La religión realmente ha convencido al mundo de que hay un hombre invisible que vive en el cielo.
Que observa cada cosa que hacemos, cada minuto de cada día.
Y este hombre invisible tiene una lista de diez cosas que no quiere que hagas.
Y si haces alguna de estas diez cosas tiene un lugar especial, lleno de fuego y humo y quemazón y tortura y angustia donde va a enviarte para vivir y sufrir y quemarte y atragantarte y gritar y llorar para siempre hasta el fin de los tiempos… pero te ama.


George Carling

martes, 21 de septiembre de 2010

EL SILENCIO VALE ORO


Una persona llega con su confesor y quiere desahogar  su culpa por haber difamado a un ser cercano; es conciente de que sus injurias causaron un grave daño moral y social, así que para liberarse de la culpa le pide al ministro le imponga una penitencia y  aligerar su peso.
Luego, el confesor le dice que el daño que hizo se va a  reparar siempre y cuando siga sus indicaciones al pie de la letra: “tomarás una almohada llena de plumas, subirás a la montaña y ya en lo alto vaciarás todas las plumas. Luego recogerás las plumas una por una e intentarás hacer la misma almohada con lo que recojas. Cuando logres hacer esto, el daño que hiciste será resarcido”.
El tema de hoy queridos amigos es la confianza, ¿qué es la confianza?,  ¿cuándo la entregamos?, ¿cuándo la perdemos?, ¿en quién la depositamos?
Si nos vamos al término del diccionario es algo muy simple: confianza. Esperanza firme que se tiene en una persona, sinónimo de seguridad; pero si le agregamos lealtad, incondicionalidad, intimidad y tantos más que se podrían incluir en la lista de lo que la confianza es, resulta que la confianza es algo extraordinario y difícil de encontrar, o difícil de ofrecer.
En mi opinión la confianza es de cristal, es decir algo tan fuerte como frágil; una vez que la confianza en alguien se ha perdido no la volverás a recuperar jamás.  
También me gusta comparar los huesos del cuerpo humano con la confianza. Todos sabemos que cuando un hueso del cuerpo se fractura (o se rompe) nunca sana por completo, quizás vuelva a soldar y quede en su lugar, o quizás tenga que intervenir un especialista y en un intento desesperado para que el cuerpo vuelva a funcionar lo repare con una prótesis o técnicas violentas e invasivas,  pero en la memoria celular del cuerpo queda una lesión, una fragilidad, y dicen los sobrevivientes que en la época de frío te invade un dolor intenso y profundo. 
Quién de nosotros no ha sentido un dolor intenso y profundo al descubrir que confió en alguien que no era digno de tal privilegio; cuántas veces nos sentimos traicionados, defraudados y decepcionados luego de que te enteras de que tus  intimidades son la causa de los rumores familiares y entre "amigos".
Como un ejercicio de honestidad debemos confesar que también hemos estado del otro lado, porque alguna vez cometimos  el error de ser indiscretos, de exhibir intimidades ajenas, de ser lo suficientemente cobardes y canallas como para intentar quedar bien hablando de la intimidad de otros.
Lo malo no es cometer un error, lo malo es no dejar de hacerlo y mancillar la intimidad de los demás. La intimida no es lo sexual, no; la intimidad es la vida privada de alguien, la intimida es lo que sólo me compete a mí; el derecho a la intimidad es algo que la ley nos concede por lo tanto la intimidad de una persona es sagrada (o debería serlo).
La sociedad en la que vivimos no ayuda a combatir éste mal hábito y, hacemos del chisme lo cotidiano, usamos la información que tenemos de los demás como una herramienta,  o como una llave para abrir puertas.
Hace unos días comí con un amigo y,  nos tocó ser vecinos de mesa de un grupo de señoras que se reunieron para actualizarse de chismes; hablaron incansablemente de gente que obviamente no estaba presente para dfenderse; me sorprendió ver como se peleaban por tomar la palabra y tirar sobre la mesa los hechos más recientes (fue un espectáculo patético). Y mis amigos hombres no se rían, que ésa actividad no es exclusiva de mujeres, ya que alguna vez también me ha tocado presenciar el mismo espectáculo  con hombres en algún bar. 
Mii conclusión es que lo que mueve a la gente a exponer la intimidad de la gente es la envidia, es el pesar por el bien ajeno lo que muerde las entrañas. Al hablar de los demás lo único que estamos evidenciando es la impotencia que sentimos al no estar en su lugar, al no calzar sus zapatos y  no disfrutar del puesto, la pareja o el éxito envidiados. Nos sentimos tan inferiores a ellos que queremos bajarlos a nuestro nivel y el único medio que tenemos para hacer eso el chisme y la injuria.
La próxima vez que te sientas triste o en la “depre” sé prudente, porque cuando nuestro ánimo está bajo somos vulnerables, y  en ése  momento abrimos el corazón y vaciamos  nuestras intimidades con la primera persona dispuesta a escuchar, algunas veces ni siquiera está dispuesta, sino que le obligamos a escucharnos. Propongo que seamos más prudentes, más cuidadosos con nuestra propia intimidad.
Yo me siento privilegiada de tener  amigos leales y sinceros, lo he comprobado porque al tener la oportunidad de lucirse revelando información de mi intimidad no lo hicieron. Eso es ser de confianza.
Si quieres saber cuán de fiar eres tú, pregúntate lo siguiente: ¿cuántas personas se sienten privilegiadas por contar con tu lealtad, tu discreción y tu afecto?

Si las palabras valen plata, el silencio vale oro. Moshé Ibn Ezra

¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!

domingo, 8 de agosto de 2010

Los Celos y los Mitos del Amor

Hace unos días retomé un tema que me ocupa porque afecta a la sociedad entera: los celos.

Los celos son el ingrediente básico del machismo, práctica que no es exclusiva de los hombres. La celotipia en sus fases más destructivas es una conducta bastante aceptada y tolerada en nuestra sociedad, bajo el mito de que los “celos son los guardianes del amor”.


Cuando era niña me hicieron creer que al conquistar a un hombre lo tenía que “cuidar” para que no se fuera con otra; a su vez él me tenía que “cuidar” a mí y de esta forma vivir como dos burros amarrados de la cola. También me dijeron que celar era muestra de amor y de interés hacia la persona amada.


Aparentemente aprendí todas las formas posibles de manipulación, chantaje y masoquismo como si hubiera seguido las instrucciones de un manual.


Afortunadamente estamos en una era de adelantos científicos, tecnológicos y psicológicos, y encontré las versiones más actualizadas de mi manual; me quedé verdaderamente sorprendida y avergonzada, (digamos que si hubiera sido un enfermo y yo la médica, el paciente ya estaría muerto).


Es un verdadero esfuerzo el que se tiene que hacer para no manipular a nadie intentando así que se quede a tu lado y viceversa, que nadie tiene el derecho de “amoldarte” a su forma de ser.


Si tu pareja cela a tus amigos es porque sabe que a ellos les confiesas tus sentimientos, emociones y les confías tus secretos, signo de que no te ama y no te respeta. Los celos son un sentimiento que nos mantiene atorados en medio de un muladar emocional, en donde cada movimiento que hacemos nos atasca y enloda aún más.


Contrario al amor, los celos son egoísmo, soberbia, envidia, odio, orgullo, prepotencia y shalalá.


Todos hemos visto a un niño haciendo un berrinche y una gran pataleta para manipular a sus padres; igualmente hemos visto a un niñote, o una niñota haciendo un berrinche y una pataleta para manipular a su pareja.


De la misma manera en la que le decimos al niño que tiene todo el derecho de llorar, gritar, arrastrarse, patalear y revolcarse hasta que se canse y acepte que lo que está pidiendo en ese momento no se le puede dar (o en ningún momento); de esa misma manera le podemos decir al niñote o a la niñota, que tiene todo el derecho del mundo de llorar, gritar, arrastrarse y revolcarse hasta que se canse y, comprenda que en ese momento no se le puede dar lo que está exigiendo (o en ningún momento); que cuando termine de hacer su berrinche y piense con objetividad, entonces será el momento de sentarse a negociar amorosamente.




Con frecuencia me sorprendo pensando en la fantasía de que existe una pareja perfecta para cada individuo.


La pareja será perfecta si no tiene intenciones de cambiar nada en ti; la pareja perfecta será aquella con la que puedas negociar amorosamente, la que respete tu libertad, tu autonomía y haga respetar la suya.


Es un mito el amor incondicional, porque nadie ama incondicionalmente; el amor no es sumisión, es generosidad.


Y como dijo Gabo:
Sólo por que alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser.

O como digo yo:
El amor no tiene que ser un yugo, si bien podría ser una aureola.






¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!


Marina Saucedo Mondragón
Escritora, Locutora y Actriz de Doblaje

domingo, 1 de agosto de 2010

Cómo me haces falta...

Hace mucho que no escribo, cuando me preguntan la razón al no encontrar una respuesta, uso entonces una buena excusa que siempre tengo a la mano:



- he estado muy ocupada, tú sabes el trabajo.


No fue posible alargar más ese silencio, y no fue por voluntad propia; escuché un disco con canciones de amor y dolor, que no elegí yo por cierto, cuya letra de las canciones, frases y súplicas al ser amado me obligaron a escarbar con delicadeza dentro de mí hasta encontrar la razón por la cual he estado enmascarando la verdad.




La verdad es que he estado evadiendo la verdad; evitando mi mirada cuando estoy frente al espejo; me visto, me peino y lo más pronto posible me maquillo pues no resisto esa mirada paciente que me cuestiona cada noche y cada mañana esperando una respuesta.


Como ironía, hace unos días un amigo me dijo que soy una mujer muy valiente, por supuesto que mi ego se elevó de momento, pero después no solo volvió a su lugar sino que bajó un nivel cuando comprendí mi confusión: no soy valiente soy una mujer fuerte. Eso sí,  porque he tenido la fortaleza para levantarme una y otra vez; por mantenerme firme y de pie durante batallas despiadadas y sangrientas; he sido fuerte por continuar con el peso de una responsabilidad que no es sólo mía y, por guardar mis lágrimas mientras seco las de mis hermanos y amigos más amados.


Verdaderamente se necesita fortaleza para iniciar una carrera a los 40 años; para cambiar por completo tu ritmo de vida, tu rutina, tus campos de acción; para reconocer y aceptar que aquellos amigos no eran tus amigos.


Pero valor… no tengo, en realidad soy cobarde; tiemblo al pensar que podría volver al mismo lugar del que salí huyendo, quizás por eso salgo corriendo cada vez que me siento agusto con el abrazo de alguien, temo que ese bienestar me haga bajar la guardia.


Podría jurar que hago mi mejor esfuerzo para superar mis miedos, aún así no me atrevo a decir: me gustas; en realidad temo que asuste una explosión de sentimientos y retrocedan, luego entonces quedarme con mi ilusión a medias… no sé si podría soportarlo una vez más.


Sentí ganas de llorar al cantar una canción cuya letra dice: Cómo me haces falta… no por la letra de la canción que de por sí es triste.... es más triste no tener a quién decírselo. Por supuesto que no fue casualidad que precisamente ése disco estaba guardado al final de la colección.

 Es maravilloso cuando alguien tiene valor y declarar su amor, su dolor o su tristeza con una canción, un poema o una historia; una larga caminata inicia con el primer paso, hoy me armé de valor y decidí publicar mis miedos, mis temores y mis anhelos.



Sólo por hoy sé que debo enfrentar mis miedos, ya no puedo renunciar al amor, al placer… a vivir. Sólo por hoy he sido valiente y con valor confieso que descubrí algo más:


Cómo me haces falta…


¡Que la fuerza del valor nos acompañe siempre!