miércoles, 24 de noviembre de 2010

¿Tienes delirio de princesa?



        Los seres humanos por naturaleza deseamos llamar la atención, tener poder y buena posición; quien diga que no, es el hipócrita más necio del planeta. Todos y todas llevamos en el interior un príncipe o una princesa deseosos protagonismo, atenciones y de mimos. Algunos lo llevamos medio oculto y otros somos príncipes y princesas de Clóset.

        Los especialistas recomiendan sacar al príncipe y a la princesa a pasear todos los días para no padecer nungún síndrome.
Para eso los eventos sociales son ideales: recién nacidos nos inician con el bautizo, luego la primera comunión, los XV años, las graduaciones, la boda y el momento culminante es por supuesto ¡el baile de novios! El momento en el que creemos ser la más afortunada por haber encontrado ¡al único! ¡al increíble y maravillosoooo! príncipe azul de nuestros sueños.

       Aunque lo negamos y queremos justificar los hechos, tarde o temprano todos actuamos en el mismo show y cada religión tiene un ritual equivalente. Me divertí mucho escribiendo éste artículo de las de princesas y sus respectivos príncipes, con los que nos condicionaron y que marcaron patrones de conducta. 
¿Alguna vez nuestros padres se imaginarían que estas historias influenciarían el rumbo de toda una vida?



LA BELLA DURMIENTE.- Es la mujer mimada que pasa su vida dormida; despierta solo para darle un beso a su príncipe, y asume que al despertar todo tiene que estar en su lugar y los problemas resueltos. ¡Ah! pero que nadie dude de su inocencia e integridad, si acaso el destino le orille a encontrarse con desconocidos a media noche y en la oscuridad del bosque.


EL.- Hombre valiente que por la vida matando dragones, quitando a las brujas malvadas del camino; que mantiene a su pequeña, inocente e indefensa encerrada en un castillo y durmiendo cómodamente,  mientras él vive toda clase de aventuras.



BLANCA NIEVES.- Ésta mujer no puede convivir con sus congéneres;  se imagina que todas la odian por ser linda y hermosa. Cree que si alguien del sexo femenino se le acerca es porque quiere es eliminarla. Por eso se relacionan sólo con hombres, aunque sean enanos y aduladores; no es raro que se vaya con el primer patán que le de un beso "de verdadero amor" aunque no la haya visto nunca antes.


EL.- Típico oportunista que va por la vida besando y levantando a cuanta mujer dormida o intoxicada encuentre a su paso; hombre que ofrece "rescatar" a la princesa de las garras de la maldad para llevarla aun castillo en el que será feliz lavando y planchando sólo para él.



LA CENICIENTA.- Es la niña buena y sumisa, por lo mismo es anulada o sometida por sus parientes o compañeros de trabajo; se compadece a sí misma y para que los demás también la compadezcan se viste con harapos y usa la puerta de servicio. Cuando se le presenta la oportunidad de brillar no se permite ir más allá de la media noche; luego vive rumiando sus recuerdos con los perros, gatos y ratones, llorando entre los escombros de su vida mientras espera el regreso del galán que la dejó sin zapatos y botada a media escalera después de un "buen baile". 


EL.- Hombre que va de fiesta en fiesta buscando a una mujer que no existe, a todas las chicas que conoce les quiere "probar el zapato"  para ver si es ella su mujer ideal; obvio ninguna "llena" sus espectativas y simplemente se va con la que sigue en la fila. 



LA BELLA DE LA BESTIA.- Pobres de aquellas que se involucran con personas irascibles e intolerantes, convencidas de que con su amor y su dulzura transformarán a un mounstro. Pasarán la vida justificando el mal carácter, las faltas de cortesía y las grocerías de su pareja ante su familia, sus hijos y la sociedad. Vivirán recluídas en "su castillo" hablando con los muebles y los platos: únicos amigos que "su bestia"  le permitirá tener.


EL.- Estos "seres" están convencidos de que los demás estamos obligados a soportar sus patanerías, viven gritando y ofendiendo a todos; cuando alguien los enfrenta, se sientan a llorar y resultan ser la víctima del cuento.



LA SIRENITA.- Pobre niña, nunca estará conforme con lo que es, no bastará lo que tenga, ella simplemente merecerá más; incluso estará dispuesta a empeñar su escencia, endeudar a su familia  e involucrar a sus amigos, todo para complacer sus caprichos.


EL.- Qué mejor compañero para ella, que un hombre que se presenta como el gran solitario, incomprendido, el que tiene todo pero "nadie" ha logrado comprenderlo, ni llenar ese vacío, o quizá porque nadie merece su amor. (Aclaro, el vacío emocional, no el cerebral).



JAZMÍN de Aladino y la Lámpara Maravillosa.- ¿Alguien ha visto esto? Que una mujer se case con un hombre inteligente, atractivo, educado, adinerado y luego de la fiesta, resulta que es un ladrón, un mentiroso y un timador. Caray, cómo duele levantarse de esto. Que verguenza se siente cuando regresas la página y ves que el camino estaba lleno de señales, pero que las ignoraste todas.


EL.- Hábil, seductor, caballeroso y atractivo hombre dispuesto a levantar cualquier teatrito; se las arregla para pintar un panorama adecuado: imagen, carrera, lo que sea para subir de estatus. Es muy larga la lista de talentos que tendría que enlistar y que caracterizan a los estafadores profesionales.




Ya encarrerado el gato, y bien acomodados en el sillón te invito a continuar porque los personajes de los cuentos no se limitan a las parejas.



MULÁN.- La chica que vive enojada porque sus padres deseaban un varón, entonces intenta a toda costa superar las hazañas de los hombres de la familia, y se masculiniza.



WENDY.- Qué peligrosa combinación: niña bonita con delirio de niña buena. La que va por la vida desbordando cuidados, educadora y moralmente responsable de cuanto vago, barbaján y lagañoso encuentra en su camino.



POCAHONTAS.- Es la chica que anda tras los extranjeros, no importa lo corrientes y comunes éstos sean.



ALICIA.- Cuántas mujeres  tienen (¿tenemos?) esa gran habilidad  de inventar historias desacabelladas donde ellas siempre son las protagonistas, las perseguidas, las incomprendidas, las deseadas y shalalá.



LAS HERMANASTRAS
Que espectáculo tan patético es, cuando te toca ver a una familia en la que están dispuestos a destrozar las mejores galas (o la vida) de una hermana, ya sea porque es menor, más inteligente o más atractiva que los demás.


LAS HADAS.- Por supuesto que no pueden faltar ésas señoras regordetas, sonrientes, amables y siempre lindísimas; lindísimas siempre y cuando las obedezcas o las invites... de no ser así, en automático se convierten en brujas malditas y despiadadas.



PETER PAN.- Es el síndrome más famoso y mencionado por los psicólogos actualmente; Peter Pan es el eterno niño que cuando le conviene es mayor, es líder o es capaz, y cuando se aburre o se fatiga vuelve a la comodidad de la dependencia.



EL REY.- Es el respetable hombre maduro que ante la icapacidad de ser un galán, se proyecta con sus hijos jóvenes y  pasa la vida organizando fiestas para que sus príncipes se diviertan, bajo la excusa de que están buscando a la compañera ideal y digna madre de sus nietos.


        Que triste es  la realidad, quizás por eso  inventamos historias y nos ubicamos en mundos de fantasía, de donde sí se pueda escapar, o donde tú tienes el poder de cerrar el libro. 
Algunos de nosotros escribimos para que los demás aprendan con experiencias ajenas; para que no tengan que huír de los hogros o las brujas de la vida real.

Creo que es tiempo ya de escribir nuevas historias. Deseo de todo corazón que en los cuentos del futuro se imponga como requisito que sea muy claro el mensaje. 

Alguien me cuestionó al respecto y lo hago público: mis protagonistas favoritos de los cuentos de hadas, príncipes y princesas, son FIONA Y SHREK; porque no están nada lejanos de la realidad.


Ella algunas veces es, y luce como una princesa, otras es una gorda grotesca;  puede ser dulce, amable y conciliadora. Sabe quien es, y sabe lo que es. Además de que no le importa que su pareja sea un gordo, mal oliente y naco ogro.


Él no tiene la menor intención de mejorar sus modales, de renunciar a su desorden, de lucir como un príncipe. Sabe que ella no es perfecta y aún así la ama.



Enamorarse es muy fácil. “El amor de mi vida” y “mi pareja ideal” son idealizados conceptos románticos.


Lo real y cierto es que el amor se construye día a día y que con el tiempo va cambiando su forma: evoluciona. El matrimonio no sólo es un acto de amor, además es un acto de voluntad.




¡Que la fuerza del amor, la ilusión y la fantasía nos acompañen siempre!

De George Carling

La religión es probablemente el cuento chino jamás contado.
Piensa en esto: La religión realmente ha convencido al mundo de que hay un hombre invisible que vive en el cielo.
Que observa cada cosa que hacemos, cada minuto de cada día.
Y este hombre invisible tiene una lista de diez cosas que no quiere que hagas.
Y si haces alguna de estas diez cosas tiene un lugar especial, lleno de fuego y humo y quemazón y tortura y angustia donde va a enviarte para vivir y sufrir y quemarte y atragantarte y gritar y llorar para siempre hasta el fin de los tiempos… pero te ama.


George Carling

martes, 21 de septiembre de 2010

EL SILENCIO VALE ORO


Una persona llega con su confesor y quiere desahogar  su culpa por haber difamado a un ser cercano; es conciente de que sus injurias causaron un grave daño moral y social, así que para liberarse de la culpa le pide al ministro le imponga una penitencia y  aligerar su peso.
Luego, el confesor le dice que el daño que hizo se va a  reparar siempre y cuando siga sus indicaciones al pie de la letra: “tomarás una almohada llena de plumas, subirás a la montaña y ya en lo alto vaciarás todas las plumas. Luego recogerás las plumas una por una e intentarás hacer la misma almohada con lo que recojas. Cuando logres hacer esto, el daño que hiciste será resarcido”.
El tema de hoy queridos amigos es la confianza, ¿qué es la confianza?,  ¿cuándo la entregamos?, ¿cuándo la perdemos?, ¿en quién la depositamos?
Si nos vamos al término del diccionario es algo muy simple: confianza. Esperanza firme que se tiene en una persona, sinónimo de seguridad; pero si le agregamos lealtad, incondicionalidad, intimidad y tantos más que se podrían incluir en la lista de lo que la confianza es, resulta que la confianza es algo extraordinario y difícil de encontrar, o difícil de ofrecer.
En mi opinión la confianza es de cristal, es decir algo tan fuerte como frágil; una vez que la confianza en alguien se ha perdido no la volverás a recuperar jamás.  
También me gusta comparar los huesos del cuerpo humano con la confianza. Todos sabemos que cuando un hueso del cuerpo se fractura (o se rompe) nunca sana por completo, quizás vuelva a soldar y quede en su lugar, o quizás tenga que intervenir un especialista y en un intento desesperado para que el cuerpo vuelva a funcionar lo repare con una prótesis o técnicas violentas e invasivas,  pero en la memoria celular del cuerpo queda una lesión, una fragilidad, y dicen los sobrevivientes que en la época de frío te invade un dolor intenso y profundo. 
Quién de nosotros no ha sentido un dolor intenso y profundo al descubrir que confió en alguien que no era digno de tal privilegio; cuántas veces nos sentimos traicionados, defraudados y decepcionados luego de que te enteras de que tus  intimidades son la causa de los rumores familiares y entre "amigos".
Como un ejercicio de honestidad debemos confesar que también hemos estado del otro lado, porque alguna vez cometimos  el error de ser indiscretos, de exhibir intimidades ajenas, de ser lo suficientemente cobardes y canallas como para intentar quedar bien hablando de la intimidad de otros.
Lo malo no es cometer un error, lo malo es no dejar de hacerlo y mancillar la intimidad de los demás. La intimida no es lo sexual, no; la intimidad es la vida privada de alguien, la intimida es lo que sólo me compete a mí; el derecho a la intimidad es algo que la ley nos concede por lo tanto la intimidad de una persona es sagrada (o debería serlo).
La sociedad en la que vivimos no ayuda a combatir éste mal hábito y, hacemos del chisme lo cotidiano, usamos la información que tenemos de los demás como una herramienta,  o como una llave para abrir puertas.
Hace unos días comí con un amigo y,  nos tocó ser vecinos de mesa de un grupo de señoras que se reunieron para actualizarse de chismes; hablaron incansablemente de gente que obviamente no estaba presente para dfenderse; me sorprendió ver como se peleaban por tomar la palabra y tirar sobre la mesa los hechos más recientes (fue un espectáculo patético). Y mis amigos hombres no se rían, que ésa actividad no es exclusiva de mujeres, ya que alguna vez también me ha tocado presenciar el mismo espectáculo  con hombres en algún bar. 
Mii conclusión es que lo que mueve a la gente a exponer la intimidad de la gente es la envidia, es el pesar por el bien ajeno lo que muerde las entrañas. Al hablar de los demás lo único que estamos evidenciando es la impotencia que sentimos al no estar en su lugar, al no calzar sus zapatos y  no disfrutar del puesto, la pareja o el éxito envidiados. Nos sentimos tan inferiores a ellos que queremos bajarlos a nuestro nivel y el único medio que tenemos para hacer eso el chisme y la injuria.
La próxima vez que te sientas triste o en la “depre” sé prudente, porque cuando nuestro ánimo está bajo somos vulnerables, y  en ése  momento abrimos el corazón y vaciamos  nuestras intimidades con la primera persona dispuesta a escuchar, algunas veces ni siquiera está dispuesta, sino que le obligamos a escucharnos. Propongo que seamos más prudentes, más cuidadosos con nuestra propia intimidad.
Yo me siento privilegiada de tener  amigos leales y sinceros, lo he comprobado porque al tener la oportunidad de lucirse revelando información de mi intimidad no lo hicieron. Eso es ser de confianza.
Si quieres saber cuán de fiar eres tú, pregúntate lo siguiente: ¿cuántas personas se sienten privilegiadas por contar con tu lealtad, tu discreción y tu afecto?

Si las palabras valen plata, el silencio vale oro. Moshé Ibn Ezra

¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!

domingo, 8 de agosto de 2010

Los Celos y los Mitos del Amor

Hace unos días retomé un tema que me ocupa porque afecta a la sociedad entera: los celos.

Los celos son el ingrediente básico del machismo, práctica que no es exclusiva de los hombres. La celotipia en sus fases más destructivas es una conducta bastante aceptada y tolerada en nuestra sociedad, bajo el mito de que los “celos son los guardianes del amor”.


Cuando era niña me hicieron creer que al conquistar a un hombre lo tenía que “cuidar” para que no se fuera con otra; a su vez él me tenía que “cuidar” a mí y de esta forma vivir como dos burros amarrados de la cola. También me dijeron que celar era muestra de amor y de interés hacia la persona amada.


Aparentemente aprendí todas las formas posibles de manipulación, chantaje y masoquismo como si hubiera seguido las instrucciones de un manual.


Afortunadamente estamos en una era de adelantos científicos, tecnológicos y psicológicos, y encontré las versiones más actualizadas de mi manual; me quedé verdaderamente sorprendida y avergonzada, (digamos que si hubiera sido un enfermo y yo la médica, el paciente ya estaría muerto).


Es un verdadero esfuerzo el que se tiene que hacer para no manipular a nadie intentando así que se quede a tu lado y viceversa, que nadie tiene el derecho de “amoldarte” a su forma de ser.


Si tu pareja cela a tus amigos es porque sabe que a ellos les confiesas tus sentimientos, emociones y les confías tus secretos, signo de que no te ama y no te respeta. Los celos son un sentimiento que nos mantiene atorados en medio de un muladar emocional, en donde cada movimiento que hacemos nos atasca y enloda aún más.


Contrario al amor, los celos son egoísmo, soberbia, envidia, odio, orgullo, prepotencia y shalalá.


Todos hemos visto a un niño haciendo un berrinche y una gran pataleta para manipular a sus padres; igualmente hemos visto a un niñote, o una niñota haciendo un berrinche y una pataleta para manipular a su pareja.


De la misma manera en la que le decimos al niño que tiene todo el derecho de llorar, gritar, arrastrarse, patalear y revolcarse hasta que se canse y acepte que lo que está pidiendo en ese momento no se le puede dar (o en ningún momento); de esa misma manera le podemos decir al niñote o a la niñota, que tiene todo el derecho del mundo de llorar, gritar, arrastrarse y revolcarse hasta que se canse y, comprenda que en ese momento no se le puede dar lo que está exigiendo (o en ningún momento); que cuando termine de hacer su berrinche y piense con objetividad, entonces será el momento de sentarse a negociar amorosamente.




Con frecuencia me sorprendo pensando en la fantasía de que existe una pareja perfecta para cada individuo.


La pareja será perfecta si no tiene intenciones de cambiar nada en ti; la pareja perfecta será aquella con la que puedas negociar amorosamente, la que respete tu libertad, tu autonomía y haga respetar la suya.


Es un mito el amor incondicional, porque nadie ama incondicionalmente; el amor no es sumisión, es generosidad.


Y como dijo Gabo:
Sólo por que alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser.

O como digo yo:
El amor no tiene que ser un yugo, si bien podría ser una aureola.






¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!


Marina Saucedo Mondragón
Escritora, Locutora y Actriz de Doblaje

domingo, 1 de agosto de 2010

Cómo me haces falta...

Hace mucho que no escribo, cuando me preguntan la razón al no encontrar una respuesta, uso entonces una buena excusa que siempre tengo a la mano:



- he estado muy ocupada, tú sabes el trabajo.


No fue posible alargar más ese silencio, y no fue por voluntad propia; escuché un disco con canciones de amor y dolor, que no elegí yo por cierto, cuya letra de las canciones, frases y súplicas al ser amado me obligaron a escarbar con delicadeza dentro de mí hasta encontrar la razón por la cual he estado enmascarando la verdad.




La verdad es que he estado evadiendo la verdad; evitando mi mirada cuando estoy frente al espejo; me visto, me peino y lo más pronto posible me maquillo pues no resisto esa mirada paciente que me cuestiona cada noche y cada mañana esperando una respuesta.


Como ironía, hace unos días un amigo me dijo que soy una mujer muy valiente, por supuesto que mi ego se elevó de momento, pero después no solo volvió a su lugar sino que bajó un nivel cuando comprendí mi confusión: no soy valiente soy una mujer fuerte. Eso sí,  porque he tenido la fortaleza para levantarme una y otra vez; por mantenerme firme y de pie durante batallas despiadadas y sangrientas; he sido fuerte por continuar con el peso de una responsabilidad que no es sólo mía y, por guardar mis lágrimas mientras seco las de mis hermanos y amigos más amados.


Verdaderamente se necesita fortaleza para iniciar una carrera a los 40 años; para cambiar por completo tu ritmo de vida, tu rutina, tus campos de acción; para reconocer y aceptar que aquellos amigos no eran tus amigos.


Pero valor… no tengo, en realidad soy cobarde; tiemblo al pensar que podría volver al mismo lugar del que salí huyendo, quizás por eso salgo corriendo cada vez que me siento agusto con el abrazo de alguien, temo que ese bienestar me haga bajar la guardia.


Podría jurar que hago mi mejor esfuerzo para superar mis miedos, aún así no me atrevo a decir: me gustas; en realidad temo que asuste una explosión de sentimientos y retrocedan, luego entonces quedarme con mi ilusión a medias… no sé si podría soportarlo una vez más.


Sentí ganas de llorar al cantar una canción cuya letra dice: Cómo me haces falta… no por la letra de la canción que de por sí es triste.... es más triste no tener a quién decírselo. Por supuesto que no fue casualidad que precisamente ése disco estaba guardado al final de la colección.

 Es maravilloso cuando alguien tiene valor y declarar su amor, su dolor o su tristeza con una canción, un poema o una historia; una larga caminata inicia con el primer paso, hoy me armé de valor y decidí publicar mis miedos, mis temores y mis anhelos.



Sólo por hoy sé que debo enfrentar mis miedos, ya no puedo renunciar al amor, al placer… a vivir. Sólo por hoy he sido valiente y con valor confieso que descubrí algo más:


Cómo me haces falta…


¡Que la fuerza del valor nos acompañe siempre!

lunes, 19 de julio de 2010

Por qué escriben los poetas

¿Que por qué escriben los poetas?

Será que a los demás nos falta valor para denunciarnos.
Porque basta con respirar el aliento de la persona que te enloquece
para que te olvides de quién eres,
basta con que le mires a los ojos para que te hechice su mirada...
y entonces te haga olvidar de tus principios y tus promesas. 

Que envidia me causa el saber que
los poetas han vivido al máximo todo eso,
tanto que no lo pueden contener en sí,
y algo los obliga a gritarlo, a narrarlo...
a ufanarse de tanto placer con sufrimiento y gozo.

Tienes razón querido amigo, todos deberíamos ser poetas...

sábado, 5 de junio de 2010

MÍO, MÍO Y SOLO MÍO

Cuando era un poco más joven, y por lo tanto mucho más arrogante me engañaba a mi misma haciéndome creer que era muy generosa y, que las personas que estaban cerca de mí eran muy afortunadas por contar con mi “generosidad”.
Que manera de querer verse la cara de estúpido uno mismo, por eso no me enoja y mucho menos me sorprende que otros me la hayan visto tantas veces.

La generosidad es un acto de amor que todos queremos practicar, pero a primera vista nos tiende una trampa; en un sentimiento tan atractivo y seductor que juraría que nadie ha podido escapar de tan mezquino acto, antes de descubrir que se trata de una falsa generosidad; no sé a que se deba, pero nos encanta, que digo nos encanta, nos jactamos cuando le tendemos la mano a los demás…

No, nadie ha podido evitar caer en la trampa de “la falsa generosidad”, solo que algunos nos descubrimos en el acto y la bochornosa escena nos aniquila y nos obliga a escondernos en un rincón para lamer las heridas que nos causa tal humillación. (La humillación ante uno mismo es la más vergonzosa de todas).

Otros nunca se dan cuenta y continúan su camino por la vida, repartiendo con singular alegría y generosamente toda clase de consejos, objetos que ya no les son útiles, tiempo en actividades altruistas para evitar la soledad, donativos que los ayudarán a pagar menos impuestos y shalalá…

El día que le dije esto mismo a mi madre, estuve a punto de quedarme huérfana;  mi aportación cultural le ocasiono una gran molestia.

Y, es que ella nos educó a mis hermanos y a mí para ser muy, muy generosos.

Me tardé unos segundos en darme cuenta y reordenar las palabras, volverlas a decir, pero con más sutileza y bueno, tratar de arreglar un poco aquel desatinado comentario; no por lo que dije, sino en como lo dije.
Creo que esa fue una de las muchas veces que le rompí el corazón; les recuerdo que contaba con la estupidez que acompaña a la juventud, y era muuuy joven en aquel entonces.

(Estoy segura que tendré que regresar en otra vida para aprender a ser más diplomática)

La generosidad no es un sentimiento con el que uno nace, todo lo contrario, cuando somos pequeños nuestros instintos nos dicen que tenemos que cuidar y defender lo que nos pertenece; lo último que queremos es compartir lo que consideramos propio.
Ningún niño está dispuesto a dividir su chocolate para repartirlo entre sus hermanos; ninguno de nosotros regalaría su juguete favorito al amiguito que acaba de conocer en una sala de espera.
Nadie quiere compartir a su mejor amigo, y no, definitivamente nadie está dispuesto a compartir a su gran amor…

No, claro que no… ¡Por supuesto que no! Ese sí que es mío, mío y sólo mío.

Entonces, ¿En que punto podemos combinarlos con el hermoso sentido de la generosidad?  Ese que nos llena tanto y nos hace sentir en conexión directa con el Padre Eterno.


Regresando a la escena con mi madre: intenté explicarle con un tono muy amoroso que darle ropa usada a otra persona no es generosidad.

-¡¿Entonces qué es?!

- Es solidaridad Má, en realidad lo que tu quieres es desocupar tu closet, y buscas a alguien que la necesita más que tú y te haga el favor de ayudarte recibiendo lo que ya no usas; eso es ser solidario.

Cuando vas a la Iglesia y ayudas en la kermés a preparar y vender enchiladas, en realidad estás tratando de ocupar tu tiempo, de paso que tus amigas se enteren los deliciosas que te quedan las enchiladas, y que vean que tu familia sí es unida; o sea estas alimentando tu ego.

-¿Y eso qué es?

-Tu vanidad Má, esas ganas de demostrarles a todos los demás que eres bien chingona.

Cuando ibas a ayudar en la escuela a pintar los baños, en realidad lo que querías era supervisar que todo estuviera limpio y en buenas condiciones, como buena madre que eres, siempre has estado al pendiente de nuestro entorno.


No me sorprende que mi madre padezca de presión alta; algunas veces la he sorprendido mirándome de una manera que me intriga, supongo que se pregunta si acaso yo soy alguna clase de castigo o penitencia que tiene que cumplir para ganarse el cielo y la vida eterna… por favor Dios recíbela, ha trabajado tanto para que así sea.

Para no alargar tanto este choro, les diré lo que le respondí cuando irónicamente me dijo:

- Entonces, explícame por favor que es la generosidad, mí’ hijita.

- Má, en realidad no sé exactamente que sea la generosidad, pero te voy a contar una historia:


Mis hijos eran pequeños cuando decidimos hacer el recorrido de La Ruta Maya en Yucatán. Fue un viaje con ciertas comodidades, pudimos rentar un auto para conocer las zonas arqueológicas, las ciudades más importantes de la zona y los paraísos naturales en un tiempo mínimo.

Volamos del DF a Cancún, luego fuimos directo a Mérida.
Lo primero fue hacer contacto con la ciudad, y caminar por el Paseo Montejo

La comida que más me gustó fue la exquisita sopa de lima y el pescado tikinxic; por las noches en la cenaduría disfrutábamos de los panuchos, los papadzules, la cochinita hecha allí y todos babeamos al probar la salsa xnipec.

Y allí descubrimos las marquesitas, es un cono de galleta parecida a la de los helados hecha en el momento, en el cual agregan una mezcla de quesos rayados que se funden con el calor de la galleta… ¡Deliciosas!
Mientras estuvimos hospedados en Mérida, cada noche regresábamos por una marquesita.

Por las mañanas salíamos muy temprano. En Puerto Progreso me di vuelo recogiendo conchas mientras los demás corrían a lo largo de la playa, disfrutamos de la maravillosa vista de los flamingos y los esteros en Celestún; visitamos las ciudades de Izamal y Valladolid; las zonas arqueológicas de Acanceh, Dzibilchaltún, Ek-Balam, Labná, Xlapac, y las más importantes: Mayapán, Uxmal y Chichén Itzá.

De paso las grutas de Lol-Tun y Balankanché.

Indudablemente que lo más disfrutado por los niños eran los cenotes, algunos de ellos fueron Chelentún, Chacsinic-Ché y Bolonchojol; verdaderos oasis que ayudaban para refrescarse en las temperaturas de 38 y 40 grados.  En ese viaje, las joyas de la corona fueron Uxmal, Tulúm y Chichén Itzá, con sus espectáculos de luz y sonido.

Con ese recorrido, por las noches todos quedábamos exhaustos, los primeros días al llegar al las zonas arqueológicas los chicos levantaban las brazos y gritaban:
- ¡Viva! Pirámides (para ellos eran pirámides, para nosotros basamentos), pero, para el cuarto día llegábamos y decían:
- ¿Más piedras?

En uno de esos lugares recibí una de las lecciones más importantes de mi vida. Las condiciones de vida de esa zona no tienen nada que ver con las ciudades que conocemos y las comodidades a las que nos hemos hecho dependientes; hay un grave rezago social y económico.

Sin embargo, la amabilidad y la gentileza de los yucatecos merecieron y merecen aun, todo mi respeto y admiración.

A la mitad del itinerario, una tarde los chicos estaban cansados, asoleados y deshidratados, por lo tanto ya no querían moverse para entra a una de las zonas arqueológicas de la ruta planeada para ése día, el trato que les propuse fue:
- Ésta es la última visita de hoy y nos regresamos al hotel para que naden en la alberca y descansen un rato antes de la cena. ¿Aceptan?
(A pesar del chantaje de la alberca ya no quisieron moverse ni bajar del auto).

Mientras hacía todo lo posible por convencerlos y negociar, no pude evitar escuchar la conversación de las personas que cuidaba la entrada al lugar: ése día, para comer solo tenían cinco tortillas, un poco de salsa y dos naranjas, ellos eran tres adultos: el hombre que cuidaba la entrada, su esposa y su hija.

Y la sabia mujer tampoco pudo evitar escuchar la conversación de nosotros en el auto.
Mi pequeño que entonces tenía 8 años intentó hacer un berrinche para presionarme y terminar la ruta en ese momento.
- ¡Tengo hambre, tengo sed y ya me quiero ir!

Su hermana lo secundó.
- ¿Y si nos vamos y mañana regresamos más temprano? Yo también tengo hambre y mucha sed…


En ese momento la mujer se acercó, y les ofreció las únicas tortillas que tenía. Yo le respondí con mi tono de señora de ciudad:
-No se moleste, gracias, que amable pero, aquí adelante les compraré algo de comer…

-Pero sin chile, porque les puede picá a los niños. Continuó la mujer.

También le dio a cada uno una naranja, mientras me decía:
-Están chiquitos, déjeselos, pa’que no sufran hambre.

Ese día, Dios me dio una buena lección a mí y a mi gran arrogancia, y el encargado de hacerlo fue un ángel, en la persona de esa mujer; quien vivirá en mi corazón cada día de mi vida, como uno de mis mejores recuerdos.

Siendo gente extraña para ella, no nos ofreció lo que le sobraba, nos entregó lo único que tenía.


¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!


Marina Azul Celeste  Junio 14 2009
(MARINA SAUCEDO MONDRAGÓN)