sábado, 5 de junio de 2010

MÍO, MÍO Y SOLO MÍO

Cuando era un poco más joven, y por lo tanto mucho más arrogante me engañaba a mi misma haciéndome creer que era muy generosa y, que las personas que estaban cerca de mí eran muy afortunadas por contar con mi “generosidad”.
Que manera de querer verse la cara de estúpido uno mismo, por eso no me enoja y mucho menos me sorprende que otros me la hayan visto tantas veces.

La generosidad es un acto de amor que todos queremos practicar, pero a primera vista nos tiende una trampa; en un sentimiento tan atractivo y seductor que juraría que nadie ha podido escapar de tan mezquino acto, antes de descubrir que se trata de una falsa generosidad; no sé a que se deba, pero nos encanta, que digo nos encanta, nos jactamos cuando le tendemos la mano a los demás…

No, nadie ha podido evitar caer en la trampa de “la falsa generosidad”, solo que algunos nos descubrimos en el acto y la bochornosa escena nos aniquila y nos obliga a escondernos en un rincón para lamer las heridas que nos causa tal humillación. (La humillación ante uno mismo es la más vergonzosa de todas).

Otros nunca se dan cuenta y continúan su camino por la vida, repartiendo con singular alegría y generosamente toda clase de consejos, objetos que ya no les son útiles, tiempo en actividades altruistas para evitar la soledad, donativos que los ayudarán a pagar menos impuestos y shalalá…

El día que le dije esto mismo a mi madre, estuve a punto de quedarme huérfana;  mi aportación cultural le ocasiono una gran molestia.

Y, es que ella nos educó a mis hermanos y a mí para ser muy, muy generosos.

Me tardé unos segundos en darme cuenta y reordenar las palabras, volverlas a decir, pero con más sutileza y bueno, tratar de arreglar un poco aquel desatinado comentario; no por lo que dije, sino en como lo dije.
Creo que esa fue una de las muchas veces que le rompí el corazón; les recuerdo que contaba con la estupidez que acompaña a la juventud, y era muuuy joven en aquel entonces.

(Estoy segura que tendré que regresar en otra vida para aprender a ser más diplomática)

La generosidad no es un sentimiento con el que uno nace, todo lo contrario, cuando somos pequeños nuestros instintos nos dicen que tenemos que cuidar y defender lo que nos pertenece; lo último que queremos es compartir lo que consideramos propio.
Ningún niño está dispuesto a dividir su chocolate para repartirlo entre sus hermanos; ninguno de nosotros regalaría su juguete favorito al amiguito que acaba de conocer en una sala de espera.
Nadie quiere compartir a su mejor amigo, y no, definitivamente nadie está dispuesto a compartir a su gran amor…

No, claro que no… ¡Por supuesto que no! Ese sí que es mío, mío y sólo mío.

Entonces, ¿En que punto podemos combinarlos con el hermoso sentido de la generosidad?  Ese que nos llena tanto y nos hace sentir en conexión directa con el Padre Eterno.


Regresando a la escena con mi madre: intenté explicarle con un tono muy amoroso que darle ropa usada a otra persona no es generosidad.

-¡¿Entonces qué es?!

- Es solidaridad Má, en realidad lo que tu quieres es desocupar tu closet, y buscas a alguien que la necesita más que tú y te haga el favor de ayudarte recibiendo lo que ya no usas; eso es ser solidario.

Cuando vas a la Iglesia y ayudas en la kermés a preparar y vender enchiladas, en realidad estás tratando de ocupar tu tiempo, de paso que tus amigas se enteren los deliciosas que te quedan las enchiladas, y que vean que tu familia sí es unida; o sea estas alimentando tu ego.

-¿Y eso qué es?

-Tu vanidad Má, esas ganas de demostrarles a todos los demás que eres bien chingona.

Cuando ibas a ayudar en la escuela a pintar los baños, en realidad lo que querías era supervisar que todo estuviera limpio y en buenas condiciones, como buena madre que eres, siempre has estado al pendiente de nuestro entorno.


No me sorprende que mi madre padezca de presión alta; algunas veces la he sorprendido mirándome de una manera que me intriga, supongo que se pregunta si acaso yo soy alguna clase de castigo o penitencia que tiene que cumplir para ganarse el cielo y la vida eterna… por favor Dios recíbela, ha trabajado tanto para que así sea.

Para no alargar tanto este choro, les diré lo que le respondí cuando irónicamente me dijo:

- Entonces, explícame por favor que es la generosidad, mí’ hijita.

- Má, en realidad no sé exactamente que sea la generosidad, pero te voy a contar una historia:


Mis hijos eran pequeños cuando decidimos hacer el recorrido de La Ruta Maya en Yucatán. Fue un viaje con ciertas comodidades, pudimos rentar un auto para conocer las zonas arqueológicas, las ciudades más importantes de la zona y los paraísos naturales en un tiempo mínimo.

Volamos del DF a Cancún, luego fuimos directo a Mérida.
Lo primero fue hacer contacto con la ciudad, y caminar por el Paseo Montejo

La comida que más me gustó fue la exquisita sopa de lima y el pescado tikinxic; por las noches en la cenaduría disfrutábamos de los panuchos, los papadzules, la cochinita hecha allí y todos babeamos al probar la salsa xnipec.

Y allí descubrimos las marquesitas, es un cono de galleta parecida a la de los helados hecha en el momento, en el cual agregan una mezcla de quesos rayados que se funden con el calor de la galleta… ¡Deliciosas!
Mientras estuvimos hospedados en Mérida, cada noche regresábamos por una marquesita.

Por las mañanas salíamos muy temprano. En Puerto Progreso me di vuelo recogiendo conchas mientras los demás corrían a lo largo de la playa, disfrutamos de la maravillosa vista de los flamingos y los esteros en Celestún; visitamos las ciudades de Izamal y Valladolid; las zonas arqueológicas de Acanceh, Dzibilchaltún, Ek-Balam, Labná, Xlapac, y las más importantes: Mayapán, Uxmal y Chichén Itzá.

De paso las grutas de Lol-Tun y Balankanché.

Indudablemente que lo más disfrutado por los niños eran los cenotes, algunos de ellos fueron Chelentún, Chacsinic-Ché y Bolonchojol; verdaderos oasis que ayudaban para refrescarse en las temperaturas de 38 y 40 grados.  En ese viaje, las joyas de la corona fueron Uxmal, Tulúm y Chichén Itzá, con sus espectáculos de luz y sonido.

Con ese recorrido, por las noches todos quedábamos exhaustos, los primeros días al llegar al las zonas arqueológicas los chicos levantaban las brazos y gritaban:
- ¡Viva! Pirámides (para ellos eran pirámides, para nosotros basamentos), pero, para el cuarto día llegábamos y decían:
- ¿Más piedras?

En uno de esos lugares recibí una de las lecciones más importantes de mi vida. Las condiciones de vida de esa zona no tienen nada que ver con las ciudades que conocemos y las comodidades a las que nos hemos hecho dependientes; hay un grave rezago social y económico.

Sin embargo, la amabilidad y la gentileza de los yucatecos merecieron y merecen aun, todo mi respeto y admiración.

A la mitad del itinerario, una tarde los chicos estaban cansados, asoleados y deshidratados, por lo tanto ya no querían moverse para entra a una de las zonas arqueológicas de la ruta planeada para ése día, el trato que les propuse fue:
- Ésta es la última visita de hoy y nos regresamos al hotel para que naden en la alberca y descansen un rato antes de la cena. ¿Aceptan?
(A pesar del chantaje de la alberca ya no quisieron moverse ni bajar del auto).

Mientras hacía todo lo posible por convencerlos y negociar, no pude evitar escuchar la conversación de las personas que cuidaba la entrada al lugar: ése día, para comer solo tenían cinco tortillas, un poco de salsa y dos naranjas, ellos eran tres adultos: el hombre que cuidaba la entrada, su esposa y su hija.

Y la sabia mujer tampoco pudo evitar escuchar la conversación de nosotros en el auto.
Mi pequeño que entonces tenía 8 años intentó hacer un berrinche para presionarme y terminar la ruta en ese momento.
- ¡Tengo hambre, tengo sed y ya me quiero ir!

Su hermana lo secundó.
- ¿Y si nos vamos y mañana regresamos más temprano? Yo también tengo hambre y mucha sed…


En ese momento la mujer se acercó, y les ofreció las únicas tortillas que tenía. Yo le respondí con mi tono de señora de ciudad:
-No se moleste, gracias, que amable pero, aquí adelante les compraré algo de comer…

-Pero sin chile, porque les puede picá a los niños. Continuó la mujer.

También le dio a cada uno una naranja, mientras me decía:
-Están chiquitos, déjeselos, pa’que no sufran hambre.

Ese día, Dios me dio una buena lección a mí y a mi gran arrogancia, y el encargado de hacerlo fue un ángel, en la persona de esa mujer; quien vivirá en mi corazón cada día de mi vida, como uno de mis mejores recuerdos.

Siendo gente extraña para ella, no nos ofreció lo que le sobraba, nos entregó lo único que tenía.


¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!


Marina Azul Celeste  Junio 14 2009
(MARINA SAUCEDO MONDRAGÓN)

LA VERDAD NO PECA PERO PICA

En las últimas semanas todos hemos padecido y soportado la manipulación a través de todos los medios de comunicación, cortesía de las campañas políticas.
Independientemente del color de nuestras ideas y convicciones, me parece un insulto a la inteligencia de la audiencia (o sea, nosotros) la falta de habilidad y creatividad que aplican quienes se dedican a preparar estas campañas, si es que las preparan, y si es que tienen un mínimo de creatividad, habilidad e inteligencia, lo cual dudo.

¿Como podemos permitir que se gasten tantos millones de pesos en solo decir una interminable lista de sandeces?

¿Acaso nos consideran imbéciles o retardados mentales?

¿Acaso creen que ya olvidamos los delitos y las cantidades obscenas de dinero y las famosas ligas?

¿Acaso ya olvidamos la falta de transparencia de los mismos partidos entre sí?

¿Acaso nos merecemos los gobernantes que tenemos?


Qué profunda pena me causa reconocer que así es.


No tenemos ni la más elemental cultura política y creemos que ésta es solo para quienes les interesa estar en ella o para ladrones y corruptos.

Hace unos días estaba en una reunión en la que conocí a un caballero que me dijo muy orgulloso:

- "Yo odio la política, soy apolítico y por suerte no la necesito para vivir ni para realizar mi trabajo".

… ¿Cómo puede alguien ser tan ignorante en la etapa adulta y decir que no necesita de la política para vivir?

Por el sólo hecho de nacer, ya pertenecemos a una estructura social, cultural y política, en el punto del planeta que más te guste, así es.

Nuestra familia, por pequeña o desorganizada que pueda ser, es una estructura política.

El padre o la madre o quizás ambos son los representantes legales, los proveedores, los que imponen las reglas de convivencia, los que asignan las responsabilidades y los que deciden los premios o castigos.

Eso queridas amigas, es política.

Cuando llevamos a nuestros hijos a inscribir en una escuela y firmamos el reglamento de conducta y convivencia, aceptamos las “políticas” de esa institución.

Cuando vamos al cine o a algún parque de diversiones, al pagar la entrada estamos aceptando las “políticas” en el reglamento de conducta del lugar.

Hasta en lo más cotidiano de la convivencia como lo es un juego de mesa existe la “política”.

La verdad no peca pero pica… O sea incomoda.

Seamos honestos y aceptemos que somos en parte responsables de la situación actual. La corrupción nace en el seno de nuestro hogar, en nuestras familias, aunque nos enoje el hecho de reconocerlo.

Cuando no respetamos el orden de la fila, porque “está chiquito” y no lo entrenamos a esperar su turno.

Cuando nos llaman en la escuela para decirnos que el “el nene” es agresivo y golpea a sus compañeros, y por respuesta decimos: él solo se defiende de los demás. (Y por si no fuera suficiente saliendo de la escuela le reforzamos la conducta: -Tú no te dejes de nadie.)

Cuando nos saltamos la fila porque “tenemos prisa” y no solo nos saltamos la fila, además ponemos cara de enojados para que nadie se atreva a reclamar nada.

Cuando en el tráfico no respetamos la fila de autos y simplemente se nos antoja pasar sobre el derecho de los que ya estaban antes de nosotros. (Y además nos sentimos muy “inteligentes” al hacerlo.)

Cuando no respetamos las áreas de fumar, de silencio, los lugares para discapacitados, los asientos para personas mayores en los transportes públicos…

Después de eso siguen cosas peores:

Cuando nos llevamos la papelería o material del  trabajo a casa, cuando no devolvemos lo que nos prestan, cuando no devolvemos lo que no nos pertenece, cuando no denunciamos el maltrato infantil, cuando no denunciamos al que vende cigarros y alcohol a menores...

Si continúo puedo llenar páginas, pero la intención es otra, el objetivo de éste texto es que nos hagamos concientes de otro tema.

Sinceramente no creo que el hecho de votar por un “personaje” va a cambiar la situación, son políticos no santos, y lo que se necesita para cambiar no es un milagro, es educación.

No importa cual sea tu ideología o credo o corriente.

Vamos a votar porque somos el ejemplo de nuestros hijos, y solo haciéndolo les estamos enseñando a reclamar sus derechos. No tenemos que ser adivinos para descubrir que nuestro país necesita dos o tres generaciones para “componerse”.

Votar es el único modo que se me ocurre para no darle poder al títere que quiere convencernos de que solo si votas por él seremos lindos, civilizados y felices.

Obviamente es más cómodo deslindar la responsabilidad en otros, y después andar por la vida quejándonos y lamentándonos del estado en el que nos tienen nuestros gobernantes, de lo mentirosos que han sido, del grado de corrupción en el que estamos actualmente, de todo lo que nos deberían dar gratuitamente y shalalá…

Mi amado padre, antes de irse me enseñó que yo soy la única responsable de mis actos, y que si decidía tener hijos era porque tenía con que sostenerlos y que además era una obligación hacerlos hombres y mujeres de bien. Que el trabajo dignifica al hombre y que la mejor manera de vivir es siendo responsable, honrado y honesto. Me enseñó a amar a Dios, a honrar a mi bandera y a respetar al Presidente.

Aunque, el día que le pregunté que si sabía lo que era la política me respondió:

-¡Yo de eso no se nada!


¡Que la fuerza del amor, del conocimiento y de la educación nos acompañen siempre!

Marina Saucedo Mondragón 03 julio 09

lunes, 24 de mayo de 2010

SI SOLO VAMOS A VIVIR UNA VEZ, ¡HAGÁMOSLO SIN REMORDIMIENTOS!

Hace unos días me refugié en la intimidad de mi casa para encontrar en mí, la fortaleza necesaria para sobreponerme a una pérdida, un duelo, un desprendimiento, separación y no sé cuantas cosas más tuve que escuchar mientras me daban el pésame en el funeral de mi hermano.
La verdad es que no he sido muy diplomática en la vida y obviamente en esos momentos no se me dio pensar en practicar la diplomacia.


Así que, cada vez que alguien intentaba darme una palabra de aliento, o decir algo que no quería escuchar, simplemente los interrumpía y les decía:


-No hay palabras que puedan expresar lo que siento. Gracias por estar aquí.

Apenas unos días antes, me reencontré con un amigo, y como era lógico nos actualizamos, platicamos de todas las cosas que haces y dices cuando eres joven, cuando las hormonas invaden el espacio cerebral de las neuronas y crees que te puedes comer el mundo de una sola mordida…


“Juventud, divino tesoro”


Recuerdo al despedirnos haberle dicho a mi amigo algo que escribo con mucha frecuencia:
-Sólo vamos a vivir una vez, hagámoslo sin remordimientos.

Que lejos estaba de imaginar que unos días más tarde me lo tendría que aplicar a mí misma y agarrarme de esa frase para levantarme y continuar…

Porque al poco tiempo Dios quiso, decidió, designó o no se que rayos pasó en su infinita sabiduría, pero se llevó a mi hermano pequeño.

Respeto la ideología de cada uno, sin embargo, particularmente no creo en el juicio final, y no me considero tan egocéntrica como para pensar que Dios personalmente me pedirá cuentas de cada minuto de mi vida, después de Él, no habría nadie a quien le deba explicaciones de nada, porque mi padre se ha ido también.

Mi compromiso con Dios es por la vida, y mi crecimiento se lo debo por eso y solo a él, porque además me ha permitido hacerlo en un cuerpo sano, con una mente sana y un corazón amoroso.
Conmigo, por quien soy.
Con mis hijos, porque las palabras jalan pero los ejemplos arrastran.
Con mis padres y hermanos, porque en el seno familiar pasé los primeros años de vida.
De ahí tomé la información básica, con todo el dolor, abandono y carencias que superamos juntos.
Con ellos he pasado los momentos más felices, y los menos afortunados, con ellos lloré la pérdida de mi padre y sólo en ellos me pude apoyar ante el profundo dolor que me invadió cuando Jorge se fue.


Porque cuando llegamos fueron ellos quienes reían, nos abrazaban y se reunían a nuestro alrededor… y cuando el más pequeño se fue, fueron ellos quienes me abrazaron y lloramos a su alrededor.


Y me di cuenta de algo…no he sabido reconocer y valorar a mi familia como debería.


Supongo que eso nos pasa a muchos, no valoramos a nuestra familia y a nuestros verdaderos amigos, hasta que de pronto, un día te ves haciendo real conciencia que la vida puede terminar en cualquier momento.


Yo no le he dicho cuanto quiero a cada uno, no les he dado suficientes besos, no les he dicho gracias por todo lo que me han dado, lo bueno y lo menos grato, porque gracias a los obstáculos y a las imposiciones, también a las palabras de aliento, claro, cada uno es quien es.


Muy pocas veces nos detenemos a pensar objetivamente en la muerte, una parte de nosotros se niega a aceptarla, o simplemente cambiamos el tema. Quizás por eso preferimos verla como un festejo y hasta nos damos el lujo de reírnos de la muerte.


La verdad es que cuando la muerte toca a la puerta, no es para nada una fiesta, no te da tiempo de razonar, no te deja hacer una última jugada, tampoco una última llamada… Simplemente llega y se va, se va, pero se lleva todos los pendientes con ella, y no nos da tiempo de nada, absolutamente de nada… así fue esta vez.


Entonces, como hermana y como amiga, no te invito, te exijo:


No dejes nada pendiente en tu día, no dejes que el rencor y la rutina te aparten de quien eres.


No permitas que la pereza te robe la oportunidad de correr, de jugar, de bailar.


Que el miedo no te impida reír, besar ni amar.


No permitas que la comodidad te quite las ganas de correr tras tus sueños, de luchar por tus anhelos.


No le des tu confianza a cualquiera, sé selectivo con tus amigos, y aleja a quien no deseas tener cerca.


Di más veces “gracias” y menos veces “lo siento”.


Usa palabras amables, porque tarde o temprano las tendrás de regreso.


Usa todo lo que te has comprado para ocasiones especiales, porque cada día es especial.


No engañes a nadie diciéndole que es único, cuando su nombre está en una agenda saturada.


No te permitas aceptar migas de afecto de quien no está dispuesto a arriesgar algo por ti, o a defenderte ante la envidia de los demás.


No le permitas a nadie que te aleje de quienes más quieres.


Trabaja mucho, sí, pero también canta, baila, juega, llora, ríe, y ama; especialmente ama, ama con pureza, ama con dulzura, ama con honestidad y ama con pasión… porque lo único te llevarás es eso.


Lo único que nos va a salvar de una vida inútil y miserable, es el amor…


Yo creo en la ley de atracción, y estoy convencida de que uno no puede ir por la vida pateando, e insultando a los demás sin ninguna consecuencia.


Hagamos lo necesario para que nuestro corazón sea siempre joven, para no renunciar a la posibilidad de comernos el mundo de una sola mordida.


Solo tenemos que aprender a tomarlo y saborearlo…


Si sólo vamos a vivir una vez, ¡hagámoslo sin remordimientos!


Para ti hermano, porque supiste arrebatarle a la vida lo que querías, porque tuviste el valor de retar a los demás, porque lloraste siempre como un niño, porque amaste hasta que quisiste, porque cantaste hasta cuando no queríamos escucharte…


Por lo que nos quedó pendiente, que caray.


Gracias por todos esos días a tu lado… la cerveza te la debo Canelo, ya tendremos oportunidad de tomárnosla…



¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!!!

MARINA AZUL CELESTE
(Marina Saucedo Mondragón) octubre 5 - 2009

sábado, 22 de mayo de 2010

SUENA IGUAL PERO NO ES LO MISMO

Hace unos días escuché una frase que me gustó, pero me dejó pensando:


“La libertad tiene un precio muy alto, y es la soledad”.
                                                                     Chavela Vargas

La razón por la cual muchos estamos solteros y disfrutando de la soltería algunas veces y padeciéndola en otras, es que ya no estamos dispuestos a concederle los derechos de propiedad a nadie, somos independientes económicamente como para aceptar que nos condicionen. Me gustaría ver que estamos aprendiendo a ser libres, a vivir de manera individual, con pareja o sin ella.
Si no tenemos la oportunidad de tener una pareja para toda la vida, pues tendremos que vivir la experiencia por partes.

La verdad es que nuestra cultura no es precisamente respetuosa de la libertad.

En nuestro país esposo es sinónimo de jefe, es quien toma las decisiones importantes, y esposa es sinónimo de dueña, celadora, domadora y shalalá.

Es cuando estamos en una reunión y sale a relucir el humor, cuando nos damos cuenta de la verdad,  por que en una conversación formal nadie se explayaría como lo hacemos con los chistes; a eso yo le llamo la neta y los psicólogos le dicen verdad disfrazada.

Lo que me parece urgente, es dejar de formar a nuestros hijos con patrones machistas, para eso, las mujeres tenemos que cambiar el programa mental de educación, porque si estamos viviendo en un país de machistas es porque las madres, quienes somos las principales educadoras son machistas, aunque ellas mismas, más tarde serán las víctimas del maltrato y del abandono.

Siempre he creído que la libertad no tiene por qué estar en contra de los valores, de hecho, me parece que los valores retomarían fuerza en la sociedad si aprendiéramos a respetar la libertad. Eso no tiene nada que ver con la igualdad, yo no promuevo la igualdad, porque simple y sencillamente no somos iguales.

Hace algunos meses un pretencioso pretendiente se atrevió a invitarme a viajar; así sin más razones que por exhibirse como un hombre de mundo, al principio me pareció una broma, pero cuando me di cuenta de que hablaba en serio pensé: ¿quién educaría a este pobre imbécil? (confieso que sentí curiosidad por ver hasta donde llegaría con su propuesta),  lo dejé continuar y después de un rato de presunciones le pregunte:

- ¿Por qué crees que yo viajaría contigo?

- Porque eres una mujer liberal.

- Estás equivocado soy una mujer liberada, no liberal.

- Es lo mismo.

- No, claro que no, suena igual pero no es lo mismo.

- Para mi sí, si has viajado por el mundo sola, ahora lo puedes hacer conmigo.

Confieso que no me había topado antes con un espécimen de tal arrogancia. La conversación duró el tiempo que tardamos en comer y me despedí.

Qué mala suerte para el desafortunado individuo porque después descubrió la integridad de la persona con quien había cometido un gravísimo error, y por más oportunidades que solicitó para enmendar su falta, ahora solo lo saludo con cortesía cada vez que lo encuentro.

¿Quién educa a estos machos, patanes e insolentes hombres?
Respuesta: Las mujeres.

Si esa propuesta la hubiera recibido unos años antes me habría sentido ofendida en lo más profundo de mi integridad moral.

Es una verdadera bendición el que hoy pueda decir que soy una mujer libre de ataduras, de estructuras sociales y de culpas. Porque hoy más que nunca, soy una mujer que se respeta a sí misma y nunca por mi mente ha pasado la idea de ser liberal.

Afortunadamente también conozco a muchísimos hombres preocupados por mejorar la reputación de su género. Dedicados a educar hijos e hijas con otra visión; una más equitativa y ocupados en brindarles oportunidades para crecer en pareja de manera individual.

Hagamos lo necesario para que las mujeres no busquen a un marido para que las mantenga y que los hombres no busquen a una mujer para que les lave la ropa.

Para que cuando sea de esa manera, lo sea por convicción y porque es lo mejor para la familia, porque los niños de éste país necesitan crecer en ambientes familiares respetuosos de la libertad.

México necesita hombres y mujeres con nuevos esquemas de educación.


Yo quiero ser parte de este cambio, de esta nueva corriente de ciudadanos libres, independientes, y respetuosos.
Y si eliges vivir en compañía con alguien que sea por el placer que esto te produce y no por dependencia económica, miedo a la soledad o por comodidad, (o por tus hijos).

La libertad no cobra ningún precio, seremos dichosos si aprendemos a disfrutar de la soledad. Te regalo una frase que siempre tengo presente:

“Si te sientes solo cuando estás solo, es por que estás mal acompañado”.


¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!

Marina Saucedo Mondragón

AMORES QUE MATAN

Quienes tenemos el privilegio de ser padres sabemos del enorme placer, orgullo y felicidad que nos causan los hijos al llegar a nuestras vidas; quien no recuerda el momento que los tuvo por primera vez en los brazos recién nacidos, del olor que emanan y que nos seduce al grado de no querer separarnos de ellos ni por un momento.
De la promesa silenciosa que les hacemos de cuidarlos y protegerlos toda la vida, hay quienes hemos dicho: daría mi vida por la tuya si fuera necesario… Yo hice el oso, y el que se sienta libre de pecado, que tire la primera piedra.

Esa gran bendición de Dios va creciendo… Y un día pasamos de la escena de la ternura y del amor infinito a la de una novela trágica, a una crisis existencial, pasamos de ser una madraza a repartir madrazos.

O sea, los angelitos que un día nos llenaron de ternura y orgullo mas tarde nos colman la paciencia y nos desquician, primero estamos ansiosas por que digan sus primeras palabras y luego les gritamos:
- ¡Ya cállate! 
Los animamos a dar sus primeros pasos y luego les exigimos:
- ¡Quédate quieto!
Los convencemos para que le canten a la abuelita y luego los regañamos:
- ¡Deja de hacerte el chistoso!

Somos la contradicción en pleno, pero como somos los padres y somos adultos creemos que automáticamente eso nos da sabiduría.

Por  cansancio o desepearción algunas veces buscamos un lugar en el que los cuiden y otras de plano a quien enjaretárselos. Así de lindo es esto de la maternidad.
Hasta aquí todavía estamos viviendo en un cuento de hadas, porque luego viene la edad en la que pierden el encanto y se vuelven desobedientes, torpes y olvidadizos, la adorable pubertad, y agárrate, porque llegó la adolescencia. Un día descubres en tu casa a un ente, que no habla, que come y actúa sin escrúpulos, que no tiene el menor interés de escuchar lo que le dices y que además te cuesta una fortuna.
Quienes tenemos la suerte de ser padres sabemos perfectamente de estos placeres.

Como madre he estado presente en cada etapa, sé bien de lo que estoy hablando, es una tarea ardua, sin gratificaciones y expuesta a toda clase de críticas por parte de la familia, los amigos y la sociedad en la que vivimos; tan lindos todos.

Lo interesante de esto es descubrir qué es lo que sucede en el trayecto que nos pone en un campo de batalla, en el que algunos padres terminan odiando a sus hijos o viceversa, existen casos en los que ambos se odian profundamente, pero como vivimos en una sociedad en la que el amor y la unión familiar son la base de ésta, (si, claro) nadie acepta que existe el odio en algún momento de la historia familiar de cada uno de nosotros. Si aprendemos a ser honestos descubriremos que es parte de nuestra naturaleza y que tenemos que aprender a manejar como un mero proceso de sobrevivencia de la especie humana;  que llegado el momento debemos eliminarlo de nuestras emociones y sentimientos para siempre. Y no pasa nada.

Cuando no lo hacemos, entonces tomamos a nuestros hijos como bote de basura y ahí depositamos nuestras frustraciones, odio, dolor, rencor, prepotencia, maltrato, mediocridad… Y shalalá, (que triste shalalá).

Es verdaderamente irónico que a los seres que decimos amar por sobre todas las cosas, sean aquellos a quien más daño y dolor le causamos, conciente o inconscientemente.

Finalmente mi conclusión fue muy simple: Los padres somos la causa de la inmadurez, la inseguridad, la falta de entusiasmo y la irresponsabilidad de nuestros hijos; su inseguridad es en gran parte provocada o causada por nosotros porque nos contradecimos en cada cosa y en cada caso.
Observar y analizar es algo que hago extraordinariamente bien.


Habemos madres de 45 y 50 años que vamos por la vida vestidas como quinceañeras, hay padres de 50 y más vestidos como chavitos y queriendo hacerla de galanes con las compañeras de la escuela de sus hijas, por que nos negamos a envejecer; habemos muchos padres y madres que corremos con nuestros progenitores para que nos ayuden a resolver  nuestros problemas, o para que ellos tomen decisiones por nosotros, los necesitamos también para que nos cuiden a los hijos, habemos quienes nos casamos pero seguimos viviendo en casa de la mamá, habemos quienes no somos capaces de sobreponernos solos a una ruptura amorosa y corremos a contárselo a toda la familia o a todos en la oficina, habemos quienes no somos capaces de aceptar que por nuestra decadencia nos abandonaron y buscamos culpables…

Justificaciones vamos a encontrar miles, en eso somos expertos, no solo somos expertos, edemás somos el ejemplo de un adulto maduro y responsable, modelo a seguir por nuestros hijos.

Hace unos meses mi hijo de 17 años compró boletos para un concierto de rock en martes, el plan era de él y un amigo, el padre del amigo le dijo el mismo día del concierto que no iría, que el martes no era día para asistir a conciertos.
Mi hijo se fue solo y me dijo que aunque su amigo no asistió pagaría el importe de su boleto, entonces le dije: 
- ¿No te parece suficiente castigo lo que le hizo su papá? Déjalo así, yo te lo pago.

Esa misma semana el padre del chico fue solicitado en el colegio por problemas de disciplina. (¿Casualidad?, no lo creo)

En la entrevista delante del personal docente el padre le gritó:
- ¿Cuándo vas a madurar?  ¿Cuándo vas a aprender a tomar decisiones?
¿Cuándo vas acrecer? ¿Cuándo voy a dejar de estar detrás de ti?

… ¿Quién es el que tiene que crecer, madurar y aprender a tomar decisiones? ¿A solucionar los problemas familiares en privado?


El chico ya lo está haciendo, solo que lo obligan a retroceder; tiene que ser comprensivo con su padre, es él quien está asustado, tiene miedo de que su hijo crezca, tiene miedo de que su hijo aprenda a tomar sus decisiones.

Los padres tenemos miedo de que nuestros hijos dejen de necesitarnos, no les entregamos la responsabilidad de tomar el control de sus vidas, lo queremos tener nosotros y  argumentamos que es en nombre del amor.
Los sobreprotegemos, les resolvemos todo para que no nos abandonen a cambio de su comodidad.
¿Eso es amor? Menos mal que mis padres no me quisieron tanto.

Quizá el mejor regalo que podemos darles a nuestros hjos, después de haberles dado la vida, es entregarles plenamente esa responsabilidad, entregarles el poder de hacer de sus vidas, algo extraordinario por sus propias elecciones.


Cuando mis hijos eran pequeños el pánico me hizo leer, leer y leer.

Algo de lo que leí y me reconfortó bastante se me quedó tatuado, decía:

Si quieres que tu hija tenga la capacidad de llegar a ser presidenta, no la trates como princesa.


Si quieres que tu hijo vuele alto, lejos y veloz, no le prestes tus alas.



Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!


Marina Saucedo Mondragón
Publicado con el seudónimo

Marina Azul Celeste

LA CRISIS



A mediados del año pasado me harté de escuchar la palabra crisis, la palabra recesión y otras más que no tiene caso mencionar; entonces inicie una campaña para no hablar de la crisis: cada vez que estoy platicando con alguien y sale la crisis, cambio de tema y pregunto por la familia, por el clima, por alguna película o por algún libro.

A partir de ese momento, decidí que no quería escuchar más de la crisis. Desde luego que la campaña que inicié no ha pagado mis cuentas, ni ha cubierto mis gastos, el beneficio obtenido es que ya no vivo con angustia e incertidumbre porque nadie tiene dinero.

La cuesta de enero no será menor por estar hablando de ella, invocarla todo el día no la hará desaparecer, al contrario, así que elijo desechar toda conversación al respecto. Porque aunque sé que existe, mi angustia no ayudará a resolverla.
 Por qué no en lugar de pensar en la cuesta de enero, pensamos en los bienes adquiridos, los beneficios obtenidos y la oportunidad de aprender a administrarnos.

En lugar de hablar de todo lo que nos falta, mejor valorar todo lo que tenemos.

Y si alguien quiere hablar de desempleo, pues es una excelente oportunidad para valorar el trabajo de quien nos está dando lo necesario para subsistir.

Sí percibo una crisis en el país, pero es de actitud, estamos empeñados en quejarnos, y quejarnos y quejarnos.

También percibo una crisis de cultura, de educación y de disciplina.


La corrupción que nos ha tomado, no es solo culpa del gobierno; aún cuando sucediera un milagro y nos cambiaran a todos los ministerios públicos del país, a todos los policías y funcionarios públicos, los ciudadanos volveríamos a corromperlos, porque somos nosotros quienes pagamos los sobornos por comodidad, flojera o mediocridad.

Estoy de acuerdo en exigir mejores gobernantes, pero qué sucedería si los gobernantes exigieran mejores ciudadanos.


Qué pasaría si un día los gobernantes hacen un plantón porque los ciudadanos no pagan impuestos, no respetan los semáforos, se roban la luz, o tiene hijos delincuentes.

Qué sucedería si los padres que no envían a sus hijos a la escuela fueran sancionados por no permitir que sus hijos aprendan. Mi sueño en la vida es que los maestros hagan manifestaciones por mejorar la educación, por aumentar las horas de clase, por mejorar su calidad académica y conocimientos generales. Y si existen los milagros, que tengan buenos modales. Eso sería un verdadero lujo.

Hace unos días tuve la oportunidad de ver una propuesta de distribución de golosinas y frituras en la ciudad de México, la cual se extenderá a varios estados; la captación que esperan es verdaderamente mounstrosa, la pregunta obvia fue: ¿y de dónde saldrá todo ese dinero? Resulta que el dinero que las familias emplean en chicles, dulces y chicharrones les causa un grave impacto a su economía, a estos hay que agregar las bebidas embotelladas, los refrescos y las sodas, según el estado de la república.


Sin embargo, no he escuchado a nadie quejarse por eso.

La crisis de enero, no solo es económica, es de actitud, es de educación, es de cultura, es de valores. Y no solo durará el mes de enero, si no nos aplicamos, durará toda la vida.

Desde que tengo memoria, el país ha estado hundido en una crisis económica, cuando era niña esa era la razón por la cual mis padres aprendieron a ser muy administrados, por la misma razón, nos enseñaros a no desperdiciar nada; desafortunadamente para mi y para mis hijos, esa parte no la aprendí muy bien que digamos.

Hace unos días recordando a mi padre en una reunión de hermanos me repitieron una frase que él nos decía muy a menudo; cuando solo nos escuchaba hablar de dinero, nos decía: “nacimos encuerados, la ropa que traemos puesta es ganancia”.

Mi padre nunca fue conformista, fue un hombre que dejó todo lo que tenía en el rancho para establecerse en la ciudad porque no quería que los hijos que le quedaban murieran por falta de atención médica. Nos enseñó a trabajar, nos educó para ser honrados y honestos y nos invitó a amar a Dios.

En su humilde opinión, no necesitábamos nada más.


¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!



Marina Saucedo Mondragón.
Escritora, locutora y Actriz de Doblaje.

viernes, 21 de mayo de 2010

A MARINA

EN TU BODA

Adios, adios compañera.

Las playas azul turqueza
reciben a la princesa.

Tu gesto irradia alegría
derrotaste a la tristeza
y te inquieta la ironía.

Tu anhelo es casi sonrisa,
en tu alma la calma dolía,
temores sopla la brisa
y añoras... melancolía.

Se refleja agua Marina
con tu imagen en el cielo,
tu proyecto se culmina:
te imagino golondrina
que abre sus alas al vuelo.

Y yo aquí, tu consejero,
tu hermano, yo tu amigo
hoy te extraño, te bendigo,
nunca niego que te quiero...
bueno, en análisis somero:
soy doliente, fui testigo.

Nunca olvidaré tu ayuda
ni tu grata compañía,
cuántas veces algún día
mi sinceridad desnuda
te confió su desconsuelo,
pues sin pena te decía:
"me está matando de celos".

Imagino tu mirada dura
en un sitio tan lejano
(ya debe ser de dulzura,
como mirada de hermano).
ya tus ojos sin bravura
ponen en su alma ternura
con el compás del abano
que es cómplice de futura.

Hoy mi madre te ha llorado,
yo tengo el alma partida;
el balance te hadejado
una imagen bendecida.
No creo que me has cambiado
estas son cosas de la vida...
En tu maleta has guardado
veintitres años de pasado.

Que diera por solo oirte,
oirte solo un momento
y expresarte el sentimiento
que me hace ponerme triste:
es muy cierto que te fuiste,
de verdad no lo lamento:
lloro para mis adentros.

Nunca más caminaremos
por los centros comerciales
ni en el desayuno haremos
comentarios superficiales...
ya se abrieron los extremos
de dos caminos iguales.

Nuestros fines de semana
fueron tiempo compartido
hoy sagrado no lo olvido;
soy ayer, tú eres mañana
que me deja compungido.

Sin embargo no me duele,
estoy tanto satisfecho...
tu recámara a ti huele
y te tengo a quí en mi pecho.

...Y mis noches de desvelo
irán siendo soportables...
fuiste siempre mi consuelo.

Las playas azul turqueza
se ofrendan a tu belleza.

Compañera, adios, adios.



Eriberto Saucedo Mondragón es mi hermano, mi amigo, un ejemplo, me inspiró a crecer, es mi alma gemela, es la persona que más admiro en la vida... es mi hermado más amado.

Este fue su regalo de bodas, y me honra presentarlo en este blog, el sí es escritor profesional, tiene premios nacionales, libros publicados y lo más valioso: un gran corazón.

¡Gracias Eriber! por favor vuelve a escribir... házlo pronto.

Te quiero.

Marina